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** Garrincha

Manoel Francisco dos Santos nació el 28 de octubre de 1933, en el barrio de Pau Grande, en

5 min20/06/2026
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Manoel Francisco dos Santos nació el 28 de octubre de 1933, en el barrio de Pau Grande, en la ciudad de Magé, estado de Río de Janeiro. Hijo de padres indígenas fulni-ô originarios de Alagoas que habían emigrado al Sudeste siendo aún jóvenes, creció en medio de la sencillez de una familia numerosa, con quince hermanos, en un entorno de origen humilde. Fue su propia hermana quien lo apodó Garrincha —nombre de un pequeño pájaro muy común en aquella región— y así el mundo pasó a llamarlo. Mané Garrincha, el Ángel de las Piernas Torcidas, se convirtió en uno de los mayores futbolistas que el mundo haya visto.

Desde temprano, la naturaleza le impuso obstáculos físicos extraordinarios a este joven. Garrincha tenía estrabismo, un desequilibrio en la pelvis y seis centímetros de diferencia en la longitud de las piernas. La rodilla derecha presentaba valgo y la izquierda, varo, lo que resultaba en ese rasgo visual tan peculiar: ambas piernas curvadas hacia el mismo lado. Hay quienes atribuyen la deformidad a una secuela de poliomielitis, aunque el escritor Ruy Castro, en su biografía del crack, afirma que ya habría nacido así. De cualquier modo, lo que podría haber sido una barrera infranqueable se convirtió, en cierto modo, en parte del misterio de sus regates desconcertantes.

Empezó a jugar al fútbol de manera amateur a los catorce años, dividiendo su tiempo entre los partidos en el campo del Esporte Clube Pau Grande y el trabajo en la fábrica textil América Fabril. El técnico Carlos Pinto, sin embargo, dudaba en alinearlo, preocupado por su fragilidad ante los defensores rivales. Cansado de esperar, Garrincha fue a jugar al Serrano, club de la vecina ciudad de Petrópolis, y fue precisamente allí donde Pinto finalmente le dio una oportunidad en la banda derecha. El resultado fue inevitable: el talento que se escondía tras aquellas piernas torcidas no tardó en aparecer.

El descubrimiento que lo cambió todo llegó de la mano de Arati, un exjugador del Botafogo que vio sus actuaciones y lo llevó a una prueba en el club carioca. En el primer entrenamiento, en 1953, el joven delantero le dio una serie de regates a Nílton Santos, que ya era un reconocido defensor y posteriormente sería considerado uno de los mejores laterales de la historia del fútbol. La reacción de Nílton fue inmediata: habría exigido su contratación en el entretiempo de la sesión. *"Me bailó. Pedí que lo contrataran y lo pusieran entre los titulares. No quería volver a enfrentarlo"*, dijo Nílton. El Botafogo lo adquirió por dos mil cruzeiros, una ganga que quedaría marcada para siempre en la historia del deporte.

En el Botafogo, Garrincha construyó la columna vertebral de su carrera, que se extendió de 1953 a 1972. Fueron 614 partidos con el club y 245 goles marcados, cifras que por sí solas ya serían suficientes para asegurar su leyenda. Pero fue con la camiseta de la selección brasileña donde alcanzó la inmortalidad. En la Copa del Mundo de 1958, en Suecia, fue una pieza clave del primer título del Brasil. Cuatro años después, en Chile, cuando Pelé se lesionó en los primeros partidos del torneo, fue Garrincha quien asumió el rol de protagonista absoluto.

La Copa del Mundo de 1962 es conocida hasta hoy en Brasil como *"La Copa de Garrincha"*. De los 14 goles marcados por la selección durante la competición, seis pasaron por sus pies: anotó cuatro y dio otras dos asistencias decisivas. En aquel torneo, el crack de Pau Grande logró un hito único en la historia del fútbol mundial: fue el primer jugador en conquistar al mismo tiempo el Balón de Oro —premio al mejor jugador del campeonato—, la Bota de Oro —otorgada al máximo goleador— y el trofeo de la Copa del Mundo. Una triple corona que ningún otro atleta había logrado en una misma edición y que consolidó definitivamente su lugar entre los eternos del deporte.

El reconocimiento internacional no tardó en llegar. Garrincha fue incluido en el Equipo de Fútbol del Siglo XX, elegido por 250 de los escritores y periodistas deportivos más respetados del mundo. En 1994, fue seleccionado para el Equipo de Todos los Tiempos de la Copa del Mundo FIFA. En una votación entre expertos de la propia federación internacional sobre el mejor jugador del siglo XX, terminó en séptimo lugar, compañía de peso para cualquier lista. Hasta hoy, muchos estudiosos del fútbol lo consideran el mejor extremo derecho y el mejor regateador de todos los tiempos.

Fuera de los terrenos de juego, sin embargo, la vida de Garrincha siguió un camino muy distinto al brillo que iluminaba las gradas. Se casó dos veces y tuvo al menos catorce hijos reconocidos, en relaciones que atravesaron años y continentes, incluyendo un hijo nacido en Suecia, fruto de un breve romance durante una gira del Botafogo por Europa en 1959. Su caso más notorio fue con la cantante Elza Soares, con quien vivió dieciséis años tras dejar a su primera esposa, Nair Marques. La relación, marcada por celos, infidelidades y agresiones, terminó en 1982. Un año después, el 20 de enero de 1983, Garrincha murió en Río de Janeiro, víctima de cirrosis hepática, consecuencia de un alcoholismo que lo acompañó durante décadas.

La trayectoria de Garrincha encarna una de las narrativas más conmovedoras y contradictorias del fútbol brasileño. Nacido en condiciones humildes, cargando un cuerpo que la medicina de la época habría clasificado como no apto para el deporte de alto rendimiento, transformó cada regate imposible en un acto de resistencia y belleza. Era un jugador que hacía reír y llorar a rivales y aficionados al mismo tiempo, de admiración, de asombro, de respeto. Décadas después de su muerte, el Ángel de las Piernas Torcidas sigue vivo en la memoria colectiva de Brasil y en la historia universal del fútbol, como prueba irrefutable de que la grandeza rara vez sigue los caminos que la lógica supone.

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