Mozart Camargo Guarnieri llegó al mundo el 1 de febrero de 1907 en Tietê, una pequeña ciudad del estado de São Paulo, Brasil, y llegaría a convertirse en uno de los compositores de música clásica más importantes de América Latina durante el siglo veinte. Su nombre de pila, un homenaje al genio de Salzburgo que su familia admiraba, parecía prefigurar un destino ligado a los grandes territorios de la composición culta.
Comenzó a recibir clases de piano desde los diez años de edad con el maestro Virgínio Dias. Aquellas primeras lecciones sembraron en él una disciplina musical que no lo abandonaría jamás. En 1923, con dieciséis años, se trasladó a São Paulo, donde comenzó a tocar en orquestas y en los cines de la ciudad para contribuir a la economía familiar, en una época en que el cine mudo necesitaba de músicos en vivo para dar vida a las imágenes proyectadas en la pantalla.
El encuentro que más profundamente moldearía su trayectoria intelectual y artística llegó en 1928, cuando Camargo Guarnieri conoció a Mário de Andrade, el gran poeta, novelista y ensayista modernista brasileño, quien se convirtió en su maestro y guía intelectual. De Andrade le abrió las puertas a un universo estético que ponía en valor la identidad cultural brasileña, sus raíces africanas, indígenas y portuguesas, como material legítimo para la creación artística de alto nivel. Muchas de las canciones que Guarnieri escribió a lo largo de su carrera fueron compuestas sobre textos de Mário de Andrade, incluyendo la ópera cómica Pedro Malazarte, estrenada en Río de Janeiro en mayo de 1952 con libreto del propio Andrade.
En 1938 el gobierno del estado de São Paulo le concedió una beca para estudiar en París, donde se formó con figuras de la talla de Charles Koechlin, Franz Rühlmann y Nadia Boulanger. Esta última, pedagoga extraordinaria que había formado a decenas de los grandes compositores del siglo veinte, lo guió en el perfeccionamiento de su técnica compositiva y amplió sus horizontes estéticos sin que ello lo alejara de su vocación de profundizar en las raíces musicales de su país.
Durante la década de los cuarenta sus obras comenzaron a interpretarse internacionalmente. Sinfonías, sonatas, conciertos y piezas de cámara escritas en portugués y también con elementos tomados de lenguas africanas y amerindias empezaron a circular en los circuitos musicales del mundo, con una paradoja reveladora: su música fue primero reconocida en el exterior y solo después comenzó a ser verdaderamente apreciada dentro de Brasil. En 1944 recibió varios premios en Estados Unidos que le otorgaron notoriedad en los ambientes musicales norteamericanos; entre ellos, obtuvo el segundo lugar en un concurso celebrado en Detroit para elegir la llamada Sinfonía de las Américas.
En 1950 Camargo Guarnieri publicó su célebre Carta Abierta a los Músicos y Críticos de Brasil, un documento que generó acaloradas polémicas en el ambiente musical del país. En ese texto condenaba con energía las técnicas modernistas que el compositor y pedagogo Hans-Joachim Koellreutter estaba difundiendo entre las nuevas generaciones, acusándolo de influir negativamente en los jóvenes compositores y de socavar los fundamentos de la tradición musical heredada de Europa. El documento dividió a la comunidad musical brasileña y dejó constancia de la tensión permanente entre tradición e innovación que recorre la historia de la música del siglo veinte.
Su producción total supera las setecientas obras, una cifra impresionante que abarca géneros y formas muy diversas, y que lo sitúa como el segundo compositor brasileño más interpretado en el mundo, superado únicamente por el inmenso Heitor Villa-Lobos. Poco antes de su fallecimiento recibió el premio Gabriela Mistral en reconocimiento a su condición de mayor compositor de las Américas, un galardón que resumía décadas de trabajo incansable al servicio de la música de su continente.
Mozart Camargo Guarnieri murió el 13 de enero de 1993 en São Paulo, a los ochenta y cinco años de edad. Buena parte de su acervo de partituras y objetos personales se conserva en los archivos del Instituto de Estudios Brasileños de la Universidad de São Paulo, donde investigadores y músicos continúan estudiando y estrenando obras de un compositor cuya importancia para la cultura americana del siglo veinte es difícil de exagerar.
