tragedias

Atentados del 11 de septiembre de 2001

Ataques ocurridos en los Estados Unidos en 2001

7 min01/01/2024
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En la mañana del martes 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales que cubrían rutas habituales del noreste de los Estados Unidos hacia California fueron secuestrados casi simultáneamente por diecinueve integrantes del grupo terrorista Al Qaeda. Lo que siguió en las horas posteriores fue la serie de ataques terroristas más mortífera de la historia, con 2 996 personas muertas y alrededor de 25 000 heridas, y un impacto geopolítico, social y psicológico que reconfiguró el mundo del siglo XXI.

Los secuestradores estaban organizados en cuatro grupos: tres de cinco integrantes y uno de cuatro. En cada grupo había al menos un hombre que había recibido entrenamiento de vuelo y que estaba designado para hacerse cargo de los controles de la aeronave tras neutralizar a la tripulación de cabina. Su plan era convertir cada avión en un misil dirigido contra símbolos del poder político, militar y económico de los Estados Unidos.

El primer impacto se produjo a las 8:46 de la mañana. El vuelo 11 de American Airlines, procedente de Boston, se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center en el Bajo Manhattan de Nueva York. Diecisiete minutos después, a las 9:03, el vuelo 175 de United Airlines, también salido de Boston, impactó contra la Torre Sur del mismo complejo. Las imágenes del segundo impacto, vistas en directo por millones de personas en todo el mundo que seguían las noticias sobre el primer choque, convirtieron el ataque en el acontecimiento televisado más simultáneamente presenciado de la historia hasta ese momento.

Ambas torres, de 110 pisos, colapsaron antes de que transcurriera una hora y cuarenta y dos minutos desde los impactos. Los derrumbes desencadenaron el colapso de otras estructuras del complejo, incluido el edificio 7 del World Trade Center, que se derrumbó esa misma tarde, y causaron daños graves en los edificios circundantes. El polvo y los escombros cubrieron el sur de Manhattan como una nube gris y sofocante, convirtiendo el entorno en un paisaje de apocalipsis.

Mientras Nueva York ardía en el caos, a las 9:37 el vuelo 77 de American Airlines, que había despegado del aeropuerto internacional Dulles y había sido desviado sobre Ohio, se estrelló contra el lado oeste del Pentágono, la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, en el condado de Arlington, Virginia. El impacto provocó el colapso parcial de ese sector del edificio y la muerte de todos los ocupantes del avión más numerosas personas que trabajaban en el Pentágono.

El cuarto avión, el vuelo 93 de United Airlines, tenía como destino Washington D.C. Los investigadores determinaron posteriormente que el objetivo probable era el Capitolio de los Estados Unidos. Sin embargo, a bordo se produjo algo inusitado: los pasajeros, informados por sus teléfonos de los ataques anteriores, organizaron una resistencia colectiva e intentaron recuperar el control de la aeronave de manos de los secuestradores. El enfrentamiento que siguió llevó al avión a estrellarse en un campo cercano a Shanksville, en Pensilvania, a las 10:03 de la mañana, sin alcanzar su objetivo.

Las sospechas recayeron sobre Al Qaeda con rapidez. Aunque el líder del grupo, Osama bin Laden, negó inicialmente su participación, en 2004 se atribuyó formalmente la responsabilidad de los ataques. Al Qaeda y bin Laden citaron como motivaciones el apoyo de Estados Unidos al Estado de Israel, la presencia de tropas norteamericanas en Arabia Saudita y las sanciones impuestas contra Irak.

La respuesta del gobierno de George W. Bush fue la declaración de la guerra global contra el terrorismo. En octubre de 2001, una coalición liderada por Estados Unidos invadió Afganistán con el objetivo de derrocar al régimen talibán, que se había negado a expulsar a Al Qaeda de su territorio y a extraditar a bin Laden. El líder terrorista logró escapar hacia las montañas Blancas y eludió la captura durante casi una década. Finalmente, el 2 de mayo de 2011, fue localizado en un escondite en la ciudad paquistaní de Abbottabad y eliminado en la operación conocida como Lanza de Neptuno.

Las consecuencias inmediatas del 11-S sobre la vida cotidiana en Estados Unidos fueron profundas y duraderas. Los espacios aéreos civiles de Estados Unidos y Canadá permanecieron cerrados hasta el 13 de septiembre. Las operaciones de Wall Street se suspendieron hasta el 17 de septiembre, y la destrucción del World Trade Center y la infraestructura asociada causó daños económicos severos en la ciudad de Nueva York y contribuyó a una recesión global. La vida cotidiana cambió de manera perceptible: los controles aeroportuarios se transformaron radicalmente, la vigilancia de inteligencia se expandió, y numerosos países reforzaron su legislación antiterrorista y ampliaron los poderes de sus agencias de seguridad.

El 11 de septiembre de 2001 dejó también una herida colectiva de dimensiones culturales y psicológicas que la sociedad estadounidense y buena parte del mundo tardarían décadas en procesar. El lugar donde se alzaron las Torres Gemelas se convirtió en el Memorial y Museo Nacional del 11 de Septiembre, inaugurado en 2014, donde los nombres de las 2 996 víctimas están grabados en el bronce para la memoria de las generaciones futuras.

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